Mecanismos de Gestión

Los mecanismos de gestión de la Reforma

 

La Reforma para crear el Sistema Nacional de Bachillerato se basa en la creación y adopción del MCC por parte de los distintos subsistemas y modalidades de la EMS, pero para ser implementada de manera exitosa deberá acompañarse de ciertas medidas para fortalecer el desempeño académico de los alumnos, y para mejorar la calidad de las instituciones. Concretamente se proponen seis mecanismos:

a. Generar espacios de orientación educativa y atención a las necesidades de los     alumnos

b. Desarrollo de la planta docente

c. Mejorar las instalaciones y el equipamiento

d. Profesionalizar la gestión

e. Evaluar el sistema de forma integral

f. Implementar mecanismos para el tránsito entre subsistemas y escuelas

 

Estos medidas reconocen que el MCC debe ir acompañado de la creación de condiciones que hagan posible que los estudiantes de distintas escuelas y subsistemas alcancen los aprendizajes buscados. No se puede ignorar el hecho de que existen grandes brechas entre las escuelas de menor y mayor calidad en el país. Las medidas referidas están concebidas para orientar al conjunto de las escuelas de EMS, pero sobre todo a las más rezagadas para que alcancen los estándares mínimos que se establezcan. Ello refuerce el sustento para que los títulos que otorgan las diversas instituciones tengan igual reconocimiento.

Otra medida que no se describe a continuación pero que sería deseable se considere en el futuro es la construcción del examen de ingreso a la EMS que se aplica en algunos subsistemas y regiones del país con base en competencias.

Esto sería una estrategia para alinear los avances que se realicen en los niveles básico y medio superior, y para promover que los estudiantes que egresan del primero estén debidamente preparados para continuar sus estudios

Debe tenerse en cuenta que los mecanismos a continuación deberán seguir procesos y definir estándares diferenciados para las distintas opciones de oferta de las tres modalidades de la EMS. En el caso de la infraestructura, por ejemplo, no podrán definirse los mismos criterios para las modalidades escolarizadas y las no escolarizadas.

 

a. Orientación, tutoría y atención a las necesidades de los alumnos

Los cambios en el currículum, en los términos propuestos, serán una oportunidad para adecuar la formación que se imparte en las escuelas a las necesidades de los jóvenes y de la sociedad. Esta medida debe ser acompañada de otras que impacten positivamente en el desempeño académico de los alumnos.

Dos razones justifican la necesidad de promover decididamente servicios de apoyo estudiantil en la educación media superior: en primer lugar, la etapa de desarrollo en que se encuentran los estudiantes; en segundo lugar, los datos preocupantes de fracaso escolar expresados en altas tasas de reprobación y deserción, y una pobre eficiencia terminal. La escuela, al reconocerse como un espacio privilegiado para el desarrollo de los jóvenes en ámbitos más allá de lo estrictamente académico, puede jugar un papel determinante en la atención integral a sus necesidades.

Los jóvenes de 15 a 19, por lo general y al menos en el ámbito urbano, se encuentran en una etapa del desarrollo caracterizada, desde el punto de vista psicosocial, por una creciente autonomía con respecto al núcleo familiar, un fortalecimiento de redes sociales propias, y un incremento de los intereses personales extrafamiliares y extraescolares, todas ellas circunstancias fértiles para el surgimiento de culturas juveniles, claramente diferenciadas del mundo adulto.

Esta situación, aunada a la toma de decisiones decisivas en el proyecto de vida (migración, trabajo, matrimonio, por ejemplo) desplazan el interés y la atención de los jóvenes hacia un abanico de áreas que compite fuertemente con la motivación académica. La posibilidad de logro escolar se incrementará si la educación que se imparte atiende esta realidad de la forma más conveniente, procurando que el desarrollo integral y equilibrado que caracteriza la educación básica se extienda hasta el nivel medio superior.

Si bien no existen muchos estudios empíricos sobre las causas del fracaso escolar en la educación media superior, es posible ubicar cinco grandes consideraciones:

  • Las carencias y rezagos en los aprendizajes con que acceden los alumnos a la EMS, resultado de una deficiente educación básica
  • Las condiciones de desigualdad social que tienden a excluir a los más pobres, a los estudiantes de zonas rurales e indígenas, quienes por su condición social acumulan desventajas que dificultan el logro escolar
  • Las condiciones de la oferta educativa y del ambiente escolar y su capacidad para estimular y motivar a los estudiantes
  • El costo beneficio que perciben los estudiantes de continuar estudiando, en función de sus circunstancias económicas

Los atributos personales de los estudiantes, en donde se incluye la motivación y rasgos estrictamente individuales que facilitan o dificultan el logro escolar.

Los estudios realizados en México sobre logro escolar otorgan un peso importante no sólo a las variables personales sino a las de contexto; en ese sentido vale la pena tener en cuenta los distintos indicadores que influyen en el fracaso escolar:

Estas consideraciones permiten identificar las condiciones que hacen que algunos estudiantes ingresen a la EMS con serias lagunas en su formación. Los jóvenes en estas circunstancias deben ser objeto de una especial atención por parte de las escuelas, de manera que el sistema educativo mexicano alcance una mayor equidad.

Esta situación refuerza la necesidad de que se desarrollen planes institucionales de orientación y tutoría. En tal sentido se han dado pasos muy importantes y existen experiencias en curso que vale la pena compartir entre las instituciones. CONALEP, por ejemplo, ha optado por un modelo de tutoría que incluye un módulo en cada semestre con contenidos diversos, acción que se apoya con otras de asesoría académica y orientación psicopedagógica.

En la Universidad Autónoma del Estado de México se ha desarrollado un Sistema Inteligente para la Tutoría Académica en la EMS, el cual define el perfil que deben reunir los tutores y puntualiza el papel de sus acciones para detectar el bajo rendimiento escolar, dar atención y seguimiento a los estudiantes, así como la importancia de su trabajo colegiado.

El CCH, por su parte, ha realizado diversos encuentros de profesores tutores de nivel medio superior, el más reciente de los cuales tuvo lugar del 27 al 29 de junio de 2007. Los encuentros tienen entre sus objetivos la socialización de experiencias y la discusión de temas relativos a las tutorías en conferencias magistrales y grupos de trabajo.

Entre las conclusiones más relevantes del último encuentro se encuentran las siguientes:

“Se necesita reflexionar sobre la experiencia tutorial con los alumnos, interactuar entre pares para establecer estrategias preventivas y favorecer de distintas maneras, la atención a los alumnos” y,

“Los programas de tutoría se mantienen en construcción constante con el fin de elevar la calidad de atención y la situación académica de los alumnos, por lo que las instituciones deben revalorar la tutoría e incentivar a quienes la ejercen”.

Por su parte, la Dirección General de Bachillerato ha propuesto un Programa de Orientación Educativa para el bachillerato general que pretende atender cuatro áreas de intervención:

“Área Institucional: facilita la integración del alumno con la institución, a partir del fortalecimiento de su sentido de pertenencia.

Área Escolar: proporciona estrategias con el fin de fortalecer hábitos y técnicas de estudio, que contribuyan a elevar el aprovechamiento académico.

Área Vocacional: fortalece el proceso de toma de decisiones, al promover la reflexión de intereses, valores y aptitudes personales para identificar y elegir las distintas opciones educativas y laborales que ofrece el entorno. Por otro lado, apoya al alumno en la construcción de un proyecto de vida.

Área Psicosocial: propicia el desarrollo de actitudes, comportamientos y habilidades favorables para el autoconocimiento, la autoestima y la comunicación; con el fin de mejorar la calidad de vida individual y social.

Además, proporciona apoyo de tipo preventivo para enfrentar factores de riesgo psicosocial”.

Además, ha preparado una metodología para la elaboración de planes tutoriales que responden a la figura maestro-tutor.

En las distintas opciones de bachillerato tecnológico, tanto en los subsistemas de control federal como estatal, también se han desarrollado programas de tutorías que se han comenzado a impulsar mediante reuniones de trabajo y el desarrollo de metodologías y manuales.

Las acciones del bachillerato general y el bachillerato tecnológico se inscriben en el marco de un proyecto más amplio para crear un Sistema nacional de tutorías, promovido por la Subsecretaría de EMS. Este proyecto recupera las experiencias de los distintos subsistemas y propone una serie de lineamientos para las tutorías, concebidas como un componente integral de los nuevos planes de estudio centrados en el aprendizaje.

El proyecto para un Sistema nacional de tutorías supone un avance importante en el esfuerzo por desarrollar criterios de gestión comunes a todas las opciones de la EMS en el país. El documento de trabajo que se desarrolló en 2006 describe una serie de políticas en esta materia así como estrategias para que se implementen y se les de seguimiento31. Adicionalmente, el documento describe las responsabilidades que asumirían los distintos actores relacionados con las tutorías, tanto al interior como al exterior de las escuelas, y el perfil que deben tener los tutores y los coordinadores de las tutorías en cada plantel.

El proyecto del Sistema nacional de tutorías podría ser la base para uno incluso más amplio que contemple todas las opciones de EMS en el país.

Sin duda todas estas son iniciativas que fortalecen la calidad de la educación. Es necesario que el MCC que promueve esta Reforma, y sin menoscabo de las adecuaciones particulares, se acompañe de recomendaciones y lineamientos específicos sobre los servicios de orientación y tutoría. Habrá que reflexionar al menos sobre las siguientes necesidades:

  • Integración de los alumnos al nuevo entorno escolar y los cursos remediales que se requieran
  • Seguimiento y apoyo individual y grupal de alumnos en relación con los procesos de aprendizaje y su trabajo académico
  • Apoyo psicopedagógico para atender problemáticas particulares, mediante atención individual y/o grupal
  • Orientación vocacional, cuando proceda, para elegir con mayor certeza las opciones profesionales o académicas.

 

Otra experiencia destacada orientada a la vinculación de distintos esfuerzos en materia de tutorías es la desarrollada ANUIES. Siguiendo el modelo del proyecto “Organización e Implantación de Programas Institucionales de Tutoría” en las instituciones de educación superior, el cual consiste en el desarrollo de un procedimiento susceptible de ser adaptado en distintas instituciones, ANUIES ha propuesto la creación de “una estrategia de atención a los jóvenes que cursan sus estudios de nivel medio superior, con base en la implantación de programas de tutoría en las instituciones que los ofrecen”.

Este proyecto de la ANUIES tiene lugar en el marco del Convenio de Concertación para el Fortalecimiento de la Educación Media Superior signado con la SEP, y estará terminado a mediados de 2008. Sus resultados podrían ser un valioso aporte a los mecanismos complementarios del Sistema Nacional de Bachillerato.

 

b. Desarrollo de la planta docente

La actualización y profesionalización de los maestros es un requisito indispensable para que la Reforma Integral sea exitosa. Se requerirá que los profesores, además de dominar su materia, cuenten con las capacidades profesionales que exige el enfoque de competencias. Evidentemente habrá que ser cuidadosos con no imponer indebidamente a los profesores nuevas formas de trabajo; de lo que se trata es de que gradualmente las instituciones efectúen las modificaciones que correspondan a la Reforma, y acompañen el proceso con acciones de formación y actualización importantes que favorezcan un modelo educativo centrado en el aprendizaje, en el que los profesores juegan un papel diferente al tradicional dictado de cátedra, para convertirse en facilitadores de los procesos de aprendizaje de los alumnos. Los profesores, como actores clave en la EMS, deberán integrarse a los procesos de diseño curricular y toma de decisiones, de manera que con su experiencia contribuyan a la Reforma Integral.

Los profesores deberán contar con los conocimientos, habilidades y actitudes que les permiten diseñar clases participativas, en las que se fomente el aprendizaje colaborativo, la resolución de problemas y el trabajo en torno a proyectos. Tendrán que ser capaces de integrar las competencias genéricas en cada una de sus áreas de enseñanza, por lo que los retos irán mucho más allá del conocimiento profundo de su disciplina o profesión. Para ello es conveniente que se desarrollen materiales de apoyo para la enseñanza que puedan se aprovechados por los profesores de distintas escuelas y modalidades por igual.

Además, es importante que los docentes reconozcan las necesidades y características propias de la población en edad de cursar la EMS y, en su caso, puedan fungir como asesores o tutores. Los jóvenes que ingresan a este nivel educativo tienen trayectorias educativas y personales diversas, y algunos de ellos, por distintas razones, egresan de la educación básica con serias lagunas. En el contexto de la construcción de un Sistema Nacional de Bachillerato con mayor calidad y más equitativo, los docentes no pueden pasar por alto esta situación.

En México, desde la creación de la Subsecretaría de Educación Media Superior, se han realizado avances significativos en la definición de competencias docentes básicas para este nivel, los cuales operan en el contexto de los lineamientos de la Reforma para crear un Sistema Nacional de Bachillerato. Por ejemplo, en conjunto con el COSNET, la Subsecretaría desarrolló un diplomado sobre este tema que se impartió en 2006 y contó con la participación de cerca de 630 docentes de la EMS. De acuerdo a los contenidos del diplomado, las competencias docentes básicas se desarrollan en torno a cinco áreas genéricas:

  • Diseño de procesos de aprendizaje
  • Desarrollo cognitivo y motivacional
  • Métodos y técnicas de aprendizaje
  • Evaluación del aprendizaje
  • Liderazgo educativo

Este diplomado tuvo lugar dentro de un proyecto vigente que busca fortalecer la enseñanza en la EMS mediante “el desarrollo de las competencias del docente como investigador activo de su propia práctica docente y que participa activamente en los procesos de mejoramiento de la calidad educativa”.

En este tema conviene también considerar experiencias internacionales, como la desarrollada por las autoridades educativas suizas, las cuales han adoptado como referente para la formación de los docentes de primaria los siguientes 10 dominios de competencias. Con algunos ajustes, pueden ser extensivos a la docencia de educación media superior:

A diferencia de la educación básica y superior, en las que existen lineamientos y programas de formación y actualización docente muy extendidos, en la EMS los esfuerzos han sido más bien aislados y llevados a cabo principalmente con los recursos de que disponen los subsistemas.

Lograr que la educación sea pertinente y relevante demanda una participación del profesorado para traducir el currículum formal a las necesidades del aula, reconociendo los conocimientos previos de los alumnos y propiciando las experiencias de aprendizaje idóneas para su grupo y sus alumnos. Es decir, los profesores deberán recibir actualización en el enfoque constructivista de la educación, a fin de ser capaces de diseñar experiencias de aprendizaje que objetiven las competencias en las que se pretende formar a los estudiantes. Otras áreas importantes a reforzar en la capacitación docente son el concepto de transversalidad y el trabajo en torno a proyectos.

Adicionalmente, los profesores tendrán que aprender a diversificar sus prácticas de evaluación, utilizando además de los exámenes otras modalidades como los portafolios, las rúbricas, y toda una gama de metodologías de evaluación de competencias.

Estas nuevas demandas exigen un gran apoyo institucional al profesorado de educación media superior. Por una parte, se requieren acciones globales de actualización y formación que se refuercen en el nivel de cada institución y escuela. Además, las modalidades y subsistemas deberán establecer los mecanismos que permitan a los profesores contar con los recursos y tiempos para el trabajo colegiado. Se trata de fomentar una verdadera cultura académica en las instituciones de EMS que permita que los propios docentes de la EMS contribuyan a la formación de otros docentes en un ambiente que facilite el trabajo en conjunto, el intercambio de métodos y resultados y la reflexión colectiva. En el marco del Sistema Nacional de Bachillerato, se considera conveniente que este trabajo colegiado se desarrolle en espacios interinstitucionales.

En este tema conviene tener en mente esfuerzos como los centros multiplicadores que han acompañado la reforma del Bachillerato Tecnológico, los cuales están concebidos como espacios en los que los docentes transfieren su experiencia en la implementación del nuevo modelo educativo a sus colegas. Además, conviene recuperar las experiencias exitosas en el desarrollo de redes de maestros en otros niveles educativos de nuestro país y en el extranjero.

Un funcionamiento académico de esta naturaleza requiere recursos económicos, puesto que el trabajo colegiado demanda tiempo de trabajo. Paulatinamente, conforme se cuente con los recursos para ello, las instituciones podrán atender esta necesidad.

Las universidades y otras instituciones de educación superior están llamadas a hacer una contribución en este nuevo esfuerzo de formación de profesores de educación media superior. Podrán otorgar un valioso apoyo para el mejor dominio de las disciplinas, pero también en la difusión de métodos de enseñanza existentes y la formulación de otros nuevos que favorezcan el enfoque que propone el MCC. El papel activo que múltiples universidades desempeñan en la educación media superior facilitará su participación en este proceso.

Finalmente, como parte del fortalecimiento de los insumos se considera la conveniencia de estimular la investigación sobre la educación media superior. La realización de proyectos de investigación interinstitucionales y la adecuada difusión de sus hallazgos puede ser una contribución importante a la construcción del Sistema Nacional de Bachillerato.

 

c. Instalaciones y equipamiento

Tan importante como el apoyo al desarrollo profesional de la docencia, la Reforma  requiere fortalecer los insumos didácticos esenciales. Las escuelas deben contar con bibliotecas dignas, con equipos para aprender el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, y aprovecharlas en la educación, y con laboratorios y talleres suficientemente equipados.

Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) constituyen recursos con un valor cada vez mayor para el aprendizaje de los alumnos. Como se ha dicho antes, los estudiantes deben ser capaces de utilizar las distintas herramientas que proveen estas tecnologías para buscar información, procesarla y analizarla. Para ello es indispensable que las escuelas cuenten con los insumos necesarios. Esto es de particular importancia en las opciones de la EMS que se encuentran dentro de las modalidades no escolarizada y mixta. Cabe destacar los esfuerzos que ya se han realizado por ampliar el acceso a las TICs en la EMS, y en los cuales es conveniente perseverar.

Por otra parte, valga señalar los beneficios que las escuelas obtendrían si celebraran convenios para compartir instalaciones y equipamiento. Esta infraestructura se encuentra desigualmente distribuida entre planteles. Al materializar la disposición a compartirla, las escuelas que no cuentan con ciertas instalaciones o equipamiento podrían beneficiarse de lo que otras sí tienen, en horarios en que estas últimas no fueran afectadas. Aunque esta idea no resuelve el problema agudo de infraestructura educativa en la EMS, sí contribuye a aprovechar mejor lo que ya existe.

 

d. Profesionalización de la gestión

La gestación y consolidación de una cultura académica exige una actuación decidida de la dirección escolar para gestionar el cambio, tanto en términos de la presente Reforma, como de las permanentes innovaciones que se requerirán a nivel de cada plantel para caminar en una trayectoria de mejora permanente.

La relevancia del liderazgo en las instituciones educativas es un hecho que esta Reforma debe considerar. Se estima indispensable que los directores de plantel, trascendiendo la frontera de las modalidades y subsistemas, intercambien experiencias y reciban las oportunidades de formación necesarias, congruentes con las necesidades propias de la EMS. Esto debe ocurrir en un espacio que tenga presentes las funciones específicas de los directores y que distinga las habilidades que requieren de aquellas que son propias de los profesores frente a grupo.

Otra dimensión muy importante de la gestión que tiene que ser modernizada a la luz de la Reforma es la relativa al control escolar. El MCC en el que tiene su base académica el Sistema Nacional de Bachillerato tiene que acompañarse de pautas para una administración escolar con reglas transparentes y homogéneas en todas las modalidades y subsistemas.

Actualmente cada subsistema tiene su propio reglamento académico, lo que puede dificultar el tránsito entre instituciones. Sin pretender uniformar, es necesario que existan reglas mínimas de operación relacionadas con los derechos y obligaciones de los alumnos, en particular con la inscripción, reinscripción y acreditación. Las normas escolares deben corresponder al espíritu de la Reforma, contribuyendo a la retención de los alumnos en el sistema educativo, facilitando trámites, trayectorias y cambios de escuela. Por otra parte deben aprovecharse las tecnologías de la información para hacer más ágil y efectivo el control escolar.

En este contexto es conveniente recuperar las acciones promovidas por la Subsecretaría de EMS en el bachillerato tecnológico, que sientan la base para la contratación de directores mediante concursos, así como para la evaluación sistemática de su desempeño conforme a criterios predefinidos. El reto es diseñar un sistema que, al tiempo que respete la identidad de los subsistemas, considere una mayor profesionalización en las funciones directivas del conjunto de la EMS, y que quede inscrito en los lineamientos de la Reforma Integral para la creación de un Sistema Nacional de Bachillerato.

 

e. Evaluación integral

La evaluación del Sistema Nacional de Bachillerato debe ser integral, es decir incluir todos los componentes de la evaluación educativa: los recursos, los procesos y los resultados. Para tal efecto habrá que desarrollar un modelo que considere los distintos ámbitos del quehacer escolar. Además de estar orientada a promover la calidad de manera general, la evaluación servirá para dar seguimiento a los distintos aspectos que contempla la Reforma Integral de la EMS.

Uno de los objetivos principales de la evaluación debe ser el revisar que existan las condiciones para que se verifiquen los principios básicos que se buscan, sobre todo en los temas del reconocimiento universal del bachillerato y el tránsito entre subsistemas y escuelas. En caso de que una escuela sea de muy baja calidad, es previsible que sus estudiantes no reunirán las competencias que definirán al Sistema Nacional de Bachillerato, por lo que el título que obtengan no tendrá la misma validez a los ojos de la sociedad que el de los egresados de otras escuelas. Además, en caso de decidir o verse obligados a cambiar de escuela, estos estudiantes difícilmente podrán hacerlo exitosamente.

En los casos en los que se observen resultados pobres en relación con los estándares que se definan en las evaluaciones que se realicen, se deberán aplicar estrategias para fortalecer la calidad y así impulsar un sistema educativo más equitativo.

Evaluación del aprendizaje. Desde luego el aspecto fundamental de la evaluación educativa lo constituyen sus resultados, en términos de los aprendizajes conseguidos. En ese sentido, las pruebas estandarizadas de logro escolar constituyen un elemento valioso a considerar. Esta evaluación de sistema no sustituye la de corte formativo y sumativo que cotidianamente realizan los profesores en el aula. La evaluación del aprendizaje, en su dimensión sistémica, permitirá identificar las debilidades y fortalezas en el Sistema Nacional de Bachillerato.

La SEP ha lanzado diversas iniciativas con el propósito de evaluar de forma integral el sistema educativo. Una de ellas es la prueba Enlace para el bachillerato que permitirá tener por primera vez indicadores del logro escolar para conocer el desempeño de los alumnos por subsistema. Por otra parte, el INEE realizará en 2008 la primera aplicación de Excale a nivel bachillerato. Sin duda, ambas pruebas proporcionarán elementos genéricas para valorar los resultados del aprendizaje de los estudiantes.

En el caso de las evaluaciones del aprendizaje realizadas por los docentes, será necesario que puedan hacerlo desde un enfoque de competencias, de manera que puedan conocer los avances de los estudiantes con relación a las competencias del MCC.

Evaluación de programas. Una vez que el MCC sea acordado, las instituciones deberán revisar sus planes de estudio a la luz de las competencias genéricas, disciplinares y profesionales definidas. Si bien no se trata de rediseñar las mallas curriculares, será necesario realizar adaptaciones que en algunos casos serán menores y en otros podrían implicar modificaciones importantes. En cualquier caso, luego de un tiempo pertinente, las instituciones deberán certificar que sus programas educativos incorporan las competencias en los términos acordados.

En el marco de la educación superior, se ha generalizado una experiencia importante en la evaluación de programas a partir de instituciones de carácter autónomo, constituidas por académicos y profesionistas que mediante metodologías y con estándares definidos y publicitados, evalúan y/o certifican la calidad de los programas. Sin duda, con las particularidades del caso, un esquema similar contribuiría enormemente a generar una cultura de la evaluación en las escuelas, propiciando la participación de la comunidad docente en el proceso de evaluación y en la atención de las recomendaciones que de la misma deriven.

Evaluación del apoyo a los estudiantes. El apoyo a los estudiantes es determinante en la EMS, ya que, como se ha expuesto en este documento, las personas en edad de cursarla tienen necesidades particulares que deben ser atendidas. Adicionalmente, se deben tener en cuenta las acciones que se tomen para controlar variables de contexto relacionadas con el éxito y fracaso escolar, ya sean familiares y sociales, o propias de la escuela y el clima escolar.

La evaluación debe producir indicadores para fortalecer las acciones de apoyo que realicen las escuelas, buscando que éstas tengan un impacto positivo en el desarrollo personal y desempeño académico de los estudiantes.

Evaluación docente. Uno de los ámbitos de la evaluación más complejos y a la vez más necesario es el de los profesores.

La evaluación docente debe fortalecer la autonomía de las instituciones y las estructuras colegiadas propias de cada escuela en los procesos de evaluación del personal. Sin embargo es conveniente desarrollar lineamientos y metodologías de manera sistémica, a partir de criterios claros de referencia, especificación de fuentes de información y recolección de evidencias de desempeño, definición del rol de los distintos actores de la comunidad educativa (autoridades, pares, alumnos, padres de familia) y establecimiento de garantías procesales que den confianza y certeza a los profesores.

Evaluación de las instalaciones y el equipamiento. Las tecnologías de la información y la comunicación, así como las bibliotecas y laboratorios, entre otros insumos, influyen en la calidad y pertinencia de la EMS, por lo que resulta indispensable que se les considere en el desarrollo de un esquema de evaluación integral de este nivel educativo.

Evaluación de la gestión. El desarrollo de reglas homogéneas para la gestión escolar en la EMS permitirá que se definan con claridad los indicadores que se tendrán en cuenta al realizarse las evaluaciones.

Otro tema que deberá ser considerado es el liderazgo de los directores. La evaluación de su trabajo es tan importante como la del que realizan los docentes, por lo que, como se ha señalado, se debe desarrollar un proceso sistemático para este propósito. Un elemento que deberá ser considerado en esta evaluación será el avance de los planteles respecto al modelo curricular que se plantea en este documento.

Evaluación institucional. Menos compleja pero no por ello menos necesaria es la evaluación de la gestión institucional que puede permitir a nivel de cada plantel la posibilidad de elaborar planes de mejora continua en los que se involucre toda la comunidad educativa.

En todos los casos, el papel de la autoevaluación es esencial. Para estos siete tipos de evaluación es necesario diseñar una serie de estrategias que en su conjunto fortalecerán la calidad de la EMS. En cada uno de los casos se deben tener en cuenta los objetivos concretos que se buscan y crear mecanismos para garantizar que los resultados que se obtengan sean interpretados de acuerdo a estos objetivos.

Como se ha indicado, los procesos de evaluación y los estándares en cada uno de los tipos de evaluación enlistados, serán específicos para las distintas modalidades y las opciones dentro de ellas. El diseño de un esquema de evaluación integral deberá tener en cuenta la diversidad de la oferta.

 

f. Mecanismos para el tránsito entre subsistemas y escuelas

Uno de los propósitos principales de la Reforma Integral de la EMS es lograr equivalencias globales de semestres o años escolares que permitan el tránsito entre subsistemas y planteles sin dificultades. Para esto se requiere terminar con el esquema tradicional para definir equivalencias con base en la comparación de planes de estudio asignatura por asignatura.

La Reforma deberá de estar acompañada de definiciones claras que den claridad a los mecanismos administrativos para facilitar este proceso. Estos mecanismos deberán partir del reconocimiento que el enfoque en competencias facilita la noción de las equivalencias globales: sin importar las materias que cursen los estudiantes, o el orden en que las cursen, los desempeños terminales serán comunes, por lo que resulta inapropiado continuar con el esquema en que las equivalencias se otorgan tras haber hecho las comparaciones administrativas asignatura por asignatura.

De este modo, para un estudiante que desee o se vea obligado a cambiar de un plantel de bachillerato tecnológico o del CONALEP a uno de bachillerato general o autónomo, no deben presentarse obstáculos académicos de la suficiente magnitud como para impedir el tránsito fluido de un plantel a otro.

Para el tránsito en el sentido contrario, de un plantel de formación general a uno orientado a la formación técnica o para el trabajo, tampoco habrá mayores dificultades. Las reformas curriculares de años recientes disponen ya de estructuras curriculares que facilitarán el tránsito: los estudiantes desarrollan las competencias profesionales en módulos autocontenidos que no tienen que ser cursados en secuencia. Un estudiante que se transfiera a un plantel tecnológico puede cursar solo algunos de los módulos correspondientes a una carrera sin que esto le impida obtener el diploma único del bachillerato.

En el proceso de implementación de la Reforma Integral habrá un periodo de transición durante el cual las instituciones irán adoptando el enfoque en competencias. Al terminar este periodo, habrá equivalencias globales. El tránsito de los estudiantes entre subsistemas y planteles estará condicionado únicamente a la disponibilidad de espacios en las escuelas, y no encontrará obstáculos administrativos.

* Última actualización: 14 de noviembre de 2011